La Torre de Hércules: historia, leyendas y guía para visitar el faro romano más antiguo del mundo

Torre de Hércules
Torre de Hércules

Pocas siluetas retratan tan bien a una ciudad como la de este viejo faro que lleva casi dos mil años encendido frente al Atlántico. La Torre de Hércules, en A Coruña, es el faro romano más antiguo del mundo que todavía funciona, un coloso de piedra que los romanos levantaron a finales del siglo I o comienzos del II y que la UNESCO declaró Patrimonio de la Humanidad el 27 de junio de 2009, en Sevilla. Se alza en el extremo norte de la península coruñesa, asomada al mar, y hoy es el símbolo indiscutible de la urbe gallega.

Un faro con nombre romano

Los romanos la conocían como Farum Brigantium, el faro de Brigantium, el nombre antiguo de la actual A Coruña. En aquella época este tramo de costa era un cruce clave para el tráfico marítimo entre el Mediterráneo y el Atlántico, pero también un lugar temido: mareas fuertes, niebla espesa y acantilados que se cobraban naufragios año tras año. De ahí la necesidad de una luz potente que guiara a los navegantes por una de las costas más bravas de Europa.

En la base del monumento se conserva una inscripción latina que ha permitido ponerle nombre al autor de la obra: Cayo Sevio Lupo, arquitecto llegado de Aeminium, la actual Coímbra, en Portugal. Aquella piedra votiva, dedicada al dios Marte, es una de las claves que los investigadores usan para datar la construcción. Y hay quien sitúa el faro en tiempos del emperador Trajano, aunque el origen exacto sigue teniendo su parte de misterio.

Del abandono a la gran restauración

Con la caída del Imperio, la Torre fue perdiendo su función marítima. Durante buena parte de la Edad Media pasó a usarse más como fortificación defensiva que como faro. Tuvo que llegar el siglo XVIII para su gran recuperación: en tiempos de Carlos III, el ingeniero Eustaquio Giannini dirigió la restauración que le dio buena parte de su aspecto actual, envolviendo el viejo núcleo romano y sumándole los cuerpos que hoy vemos. De los 55 metros que mide, unos 34 corresponden a la obra romana original y los 21 restantes a aquella intervención neoclásica.

Torre de Hércules
Torre de Hércules

Esa altura la convierte en el tercer faro más alto de España, solo por detrás de los de Chipiona y Maspalomas. Y conviene recordar que ya en 1931 había sido declarada Monumento histórico-artístico, mucho antes del reconocimiento internacional que llegaría décadas más tarde. Otro dato curioso: es uno de los muy pocos faros del planeta con sello de la UNESCO, junto al de Cordouan, en Francia, incorporado a la lista en 2021.

Hércules, Breogán y una leyenda con siglos

El nombre actual no viene de los romanos, sino del mito. La tradición mediterránea cuenta que Hércules se enfrentó al gigante Gerión, rey de Brigantium; lo venció, enterró su cabeza en este promontorio y mandó levantar una torre sobre ella para conmemorar la victoria. Ojo, que de eso no hay prueba histórica ninguna: pertenece al terreno de la leyenda, no del dato. Junto a esa versión conviven los relatos atlánticos y celtas del rey Breogán, figura que el propio himno gallego menciona y a la que recuerda una escultura de doce metros levantada muy cerca del faro. No en vano, la Torre preside también el escudo de la ciudad.

Lo cierto es que el monumento ha vivido capítulos muy reales, y no tan bonitos. El 3 de diciembre de 1992, el petrolero Mar Egeo encalló justo a sus pies y cubrió de fuel la costa coruñesa, dejando una columna de humo negro que quedó grabada como una de las peores imágenes de la ría.

Qué vas a ver por dentro y alrededor

La Torre sigue siendo un faro en activo, propiedad del Estado a través de la Autoridad Portuaria, mientras que su faceta turística la gestiona el consorcio de turismo local. Por dentro conserva la estructura del faro romano, repartida en tres niveles, y se puede subir hasta la linterna por unos 234 escalones. Arriba espera un mirador con panorámica de 360 grados y una luz que aún alcanza muchos kilómetros mar adentro.

Fuera, el parque escultórico que rodea el faro merece un paseo sin prisa. Allí están la Rosa de los Vientos, la Caracola o el conjunto de menhires, y muy cerca aparecen los petroglifos del Monte dos Bicos, grabados de la Edad del Hierro que recuerdan lo antiguo que es este rincón. Es, además, un sitio ideal para ver caer la tarde con el mar de fondo.

Torre de Hércules en A Coruña
Torre de Hércules en A Coruña

Dónde está y por qué aquí

La Torre de Hércules se levanta sobre un promontorio rocoso de unos 57 metros sobre el nivel del mar, en una punta que se adentra en el Atlántico y domina el Golfo Ártabro. Desde su mirador se ven la ciudad, las playas del Orzán y Riazor, el océano abierto y, en los días despejados, buena parte del litoral gallego. No fue casualidad que los romanos escogieran justo este cerro: querían que la luz se viera lo más lejos posible.

Cómo llegar

Llegar es fácil y ya es parte del plan. La Torre está a poco más de dos kilómetros del centro, así que se puede ir andando por el paseo marítimo —uno de los más largos de España—, bordeando el mar hasta el mismo faro. Quien prefiera el transporte público tiene líneas de autobús urbano que paran cerca, y si vas en coche hay zona de aparcamiento en los alrededores. Con el viento de cara y el rumor de las olas, el paseo vale ya media visita.

En cuanto a horarios y entradas, mejor consultar la información oficial antes de ir, porque cambian según la temporada. Como referencia, la entrada general ronda los 3 euros, con una tarifa reducida más barata y días de acceso gratuito como los lunes. En verano suele abrir más horas que en invierno, y la subida completa lleva su rato: no vayas con prisas.

Y si la Torre de Hércules te deja con ganas de más Galicia, la tierra guarda otros rincones donde se mezclan naturaleza, historia e ingeniería. Puedes cruzar hacia la ría de Vigo y plantarte ante el imponente Puente de Rande, en Pontevedra; tirar hacia el interior para descubrir Montefurado, en la provincia de Lugo, donde los romanos horadaron la montaña para desviar el curso del río; o volver al mar bravo de la Costa da Morte y asomarte al faro de Punta Roncudo, en A Coruña, reino de los percebeiros. Tres paradas bien distintas que, como el viejo faro coruñés, cuentan a su manera quiénes fuimos y quiénes seguimos siendo.

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