Recomendaciones para observar un eclipse solar con seguridad

Eclipse total de Sol
Eclipse total de Sol

Un eclipse solar es de esos fenómenos que paran la calle. La Luna se cruza por delante del Sol y, durante unos minutos, la luz del día cambia de color y el aire se enfría. Verlo es sencillo y no cuesta dinero. Lo único imprescindible es proteger los ojos, porque mirar al Sol directamente, aunque esté tapado en parte, puede quemar la retina sin que uno note dolor. Con unas gafas de eclipse certificadas o un método de proyección, cualquiera puede disfrutarlo sin peligro. Estas son las pautas para hacerlo bien, valgan donde valgan.

Usa gafas de eclipse certificadas

Las únicas gafas que sirven para mirar al Sol son las que cumplen la norma ISO 12312-2. Vienen marcadas con esa referencia y filtran casi toda la luz visible, la infrarroja y la ultravioleta. Cuando te las pones en un sitio normal, no ves prácticamente nada: solo la bombilla más potente o el disco del Sol. Esa es la prueba. Si a través de ellas distingues muebles, farolas o la pantalla del móvil, no protegen lo suficiente y no deberías usarlas.

Cómpralas en tiendas y ópticas de confianza. Circulan imitaciones sin la certificación real, y por fuera son idénticas. Ante la duda, no las uses.

Comprueba que están en buen estado

Antes de mirar al cielo, revisa las gafas a contraluz. Busca rayaduras, agujeritos, arrugas o zonas despegadas en el filtro. Cualquier defecto deja pasar luz por donde no debe. Unas gafas guardadas de un eclipse anterior pueden haberse estropeado en el cajón sin que se note a simple vista.

Si encuentras el mínimo desperfecto, tíralas. No merece la pena arriesgar la vista por unas gafas de cartón.

Las gafas de sol normales no sirven

Este es el error más común. Las gafas de sol, por muy oscuras o caras que sean, no bastan. Tampoco valen dos o tres puestas una encima de otra, ni las polarizadas, ni las de espejo. Dejan pasar demasiada radiación para mirar directamente al Sol.

Y olvídate de los inventos caseros. El cristal ahumado, los negativos de fotos, las radiografías, los CD o el papel de aluminio no ofrecen ninguna garantía. Parecen filtrar la luz, pero dejan pasar la radiación que daña el ojo. Nada de eso protege.

Mira por turnos y sin obsesionarte

Aun con las gafas correctas, conviene mirar en vistazos cortos. Ponte las gafas antes de levantar la vista y apártala del Sol antes de quitártelas. Así no te pilla nunca la luz directa por descuido.

No hace falta clavar la mirada durante minutos. Unos segundos, un descanso, otro vistazo. El eclipse dura un buen rato y no se va a ningún sitio.

La proyección estenopeica, la opción sin gafas

¿No tienes gafas certificadas? Hay una alternativa segura y muy fácil: la proyección estenopeica. Consiste en dejar pasar la luz del Sol por un agujero pequeño para que proyecte su imagen sobre una superficie. Nunca miras al Sol; miras la sombra.

Puedes hacer un agujerito con un alfiler en una cartulina y proyectar la luz sobre otra hoja o sobre el suelo. Verás el disco del Sol dibujado, con la mordida de la Luna. Un escurridor de cocina hace el mismo efecto y proyecta decenas de soles a la vez. Y si estás bajo un árbol, fíjate en el suelo: los huecos entre las hojas actúan como cientos de agujeritos y llenan la sombra de pequeñas medialunas de luz.

Telescopios, prismáticos y cámaras necesitan su propio filtro

Un aviso serio. Nunca mires al Sol por un telescopio, unos prismáticos o una cámara usando solo las gafas de eclipse. Esos aparatos concentran la luz, y esa luz atraviesa el filtro de las gafas en un instante y llega al ojo. El daño es inmediato.

Los instrumentos ópticos necesitan un filtro solar específico colocado en la parte delantera, en la boca del tubo, no en el ocular. Debe estar diseñado para observación solar y bien sujeto. La cámara del móvil también puede sufrir si la apuntas al Sol sin protección, así que ponle delante un filtro adecuado si quieres hacer fotos.

La fase total, el único momento para mirar a simple vista

Solo hay un instante en el que puedes mirar sin gafas: la totalidad. Ocurre únicamente donde el eclipse es total, y solo mientras el disco del Sol queda completamente tapado por la Luna. Entonces aparece la corona, ese halo blanco alrededor del negro, y se puede contemplar a ojo desnudo.

Ese momento dura poco, a veces apenas un par de minutos. En cuanto asoma de nuevo el primer rayo de Sol, vuelven las gafas de inmediato. Y si desde tu localidad el eclipse es parcial, la regla no cambia nunca: protección todo el rato, sin excepción.

Qué puedes hacer para disfrutar el momento

Un eclipse no es solo mirar al cielo. Merece la pena llegar con tiempo, buscar un sitio despejado y prepararlo con calma. Reparte las gafas por turnos si sois varios. Monta la proyección en una pared o en el suelo para que todos vean el avance de la Luna sin pelearse por el filtro.

Presta atención a lo que pasa alrededor. La temperatura baja unos grados. La luz se vuelve rara, como de atardecer a media mañana. Las sombras se afilan. Los pájaros callan y algunos animales se comportan como si anocheciera. Es un espectáculo completo, no solo lo que ocurre arriba.

Qué no debes hacer nunca

Recapitulando lo esencial en negativo. No mires al Sol sin protección homologada, ni un segundo, durante la fase parcial. No uses gafas de sol corrientes ni filtros improvisados. No aproveches unas gafas rotas o rayadas. No mires por telescopio, prismáticos o cámara sin un filtro solar delantero. Y no dejes a los niños observar sin un adulto encima que controle las gafas: es el grupo que más se despista y el que peor nota el daño.

Con estas precauciones, ver un eclipse de Sol es una experiencia que se recuerda durante años. Elige el sitio, prepara la protección y avisa a quien tengas al lado. El cielo hace el resto.

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